
Shangai. 10 de enero del 2010. La sombra y los peces de Corea. La puerta de entrada a cada agujero. Seres mitológicos retorcidos de dolor.
II
Una urraca nos saluda desde lejos. Es de noche. El viento de China nos cortó la cara. No se busca el precipicio: se cae. La noche y la urraca en el norte de China al lado del tercer río más grande del mundo. Podemos juntar cada palabra pegarla con algún pegamento barato y discutir no ir a la guerra. Vivir atados al palo de luz de la casa enfrente. A diez metros de la plaza. Junté lo que decís en un frasquito. Seamos invertebrados como la primera frase que te sale “vértebra lumbar estacionada en reposera prestada”. Mi color es el color de China al norte. Vengo de un clima donde el relámpago mata la nube. Vengo de los gatos y más atrás de los gatos. Me muevo como chicharra con sueño. Eso es el norte. El segundo nombre de los invertebrados. La muñeca feliz. Humana en el espejo retrovisor. A saltos miro por la ventana pasar la nieve. Nos vamos. Es perfecto el sonido de casi todo: el Nilo y su vegetación. Un templo en Shangai nos mira pasar el cuchillo de la nieve por el Amazonas. Somos diabéticos aspirando al norte. Una mujer que se deja el flequillo afuera de la gorra de natación. Ellos nadan con remera. Tienen veranos de remera rota. Una urraca más chica. Los gatos después del pavimento. Hay que secarse un ojo para entrar al templo.





































